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Andrea Cabel / El Rincón del Diablo - poesía

 

[giulia]

 

la palabra entra, me vuela las sienes,

y la noche se empeña en hacerme sola,

en caerse lenta

en hacer nudos contables,

en recordarte giulia.

con tus alas plenas y sin tus tres nudos blancos.

con tus dedos fríos,

sin celo

sin color prusia,

hecha sombra desesperada

y sabiduría fugaz de pájaro hecho verano.

giulia, mi ángel,

mi nudo.

todo se traslada, como palabra y sien que vuela,

como máquina de hacer ave,

y noche sin circunstancia.

 

 

 

 

 

 

[el gruit]

 

cuando todo confabula para recordarte, tiempo y espacio se

embotan amarillos. se crucifican en un desierto antiguo y se

quedan enjaulados, incapaces de callar a la sardina, a la garúa o

a las rosas. dejan llamarse barranco amancaes josé antonio y a

lo largo del camino se aferran a la minúscula esperanza de ser

parte de la pantalla que filma. se derraman ahogados a la colilla

que acompaña las risas de las músicas de las mujeres de las

radios de los boletos marchitos y del coche que te deja. lo que

falta como a las latas vacías es la espuma en las bocas de los

rostros. es la receta de las estatuas con faldas de flor y la figura

de egon shielle rosada y abierta.

 

 

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Mesa redonda y recital  

 

"Jóvenes poetas del Perú:

 

 nuevas publicaciones 2006"  

 

: :  

 

Sábado 2 de diciembre 2007  

 

7:00 - 8:15 p.m.+  

 

 

Auditorio del recinto ferial   

(Parque Kennedy de Miraflores)  

 

: :   

 

 Participan:   

Andrea Cabel, César Panduro, Erika Almenara, Manuel Fernández.   

 

Modera:  

Olga Rodríguez Ulloa   

 

Organiza:   

Cámara Peruana del Libro  

 

Del libro: "Las falsas actitudes del agua"

 

f

 

tras ese vacío infinito que colgaba por la ventana, / encontré

tus ojos.

 

los encontré verdes y sin fondo. / estaban ahí, / con el vértigo

imposible. con las ganas maltrechas / yo los miré, / adorando

la ventana. queriendo irme con ella. /

 

yo me acuerdo mucho de ti, / aunque ahora seamos tan

distintas. recuerdo las noches, / tú llamabas y yo salía /

corriendo, con el corazón en las manos, / no vayas susana.

siempre es igual. yo me quedo contigo. / y tú te colgabas de mi

brazo / y no decías nada.

 

me recordabas a la ventana, / al verde cansado que se arrullaba

solo. / luego, te embarcaba y te rezaba hasta al día siguiente. /

 

los días pasaron y tuve que irme. / las charlas en las bancas frías

de la noche se tardaron demasiado en salir de aquí. / cada

columna de humo se convirtió en una razón más para dejarte

libre.

 

sola. /

 

 

 

 

 

 

 

 

j

 

(micaela: si yo te dijera que sé de los asuntos del futuro, / que

comprendo el llanto amargo de un lucero, / y que un millar de

galaxias / se pierden solamente / cuando tú me miras, /

 

no te asustarías.

 

porque eres una placenta baldía / un enconado purasangre que

cocina / un terremoto en vertebrados gemidos nocturnos. /

 

 

no /

 

 

no hay más miedo que este /

 

que el de la ventana.)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[mayana]

 

cosmos infinito, descifrado engranaje solar,

música que no rota

que no se enamora nunca.

 

corazón sin nombre,

desposeída luz

jardín repleto de nadas rotas,

mayana,

fruto perdido,

espuma tras el verbo

ruido mucho ruido y el polvo

el nogal que se cae

el pájaro dibujado tras la sombra

la taza adormecida,

la espalda oscura,

los nudos de tus manos.

la espuma tras el verbo,

el nogal cayéndose,

el triunfo rojo

del pájaro esculpido.

 

mayana,

 

mayana.

 

 

 

 

 

 

Las falsas actitudes del agua | Andrea Cabel

   AECI/Municipalidad de Lima, 2006

  

  

Andrea Cabel ha logrado enseñorearse de un determinado estilo, que ella lo repliega según su voluntad, lo torna laberíntico, lo oscurece. Allí, una literaria forma libérrima, sustentada en frases, que aparecen como bloques verbales, a veces entre palotes inclinados, y donde el significado resulta una apretada suma de enigmas. Pero, en medio de todo ello, se deja escuchar la entrañable voz de Eros, que pone en evidencia cuál es el exacto y recóndito sentido de esta novedosa escritura, es decir, el incandescente motor que la impulsa. (Carlos Germán Belli)

 

 

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[Cinco y cuarenta i tres]

  

Mi cuerpo es un pasillo de madrugada,

un fantasma crudo que llora por las ojeras de tus ojos negros

por las espinas de tus brazos flacos

y que respira cañazo y orujo como hora de cenar.

 

Mi cuerpo recuerda siluetas

 

recuerda pájaro hombre que persigue al sol,

y que sin querer se duerme a tu lado luna,

como toro en Soledad.

 

 

Tu cuerpo es un sonrojo que en mi pasillo translúcido

 

se mira,

 

Y entonces aquellos ojos, son mis ojos

son noche como gato,

como bestia  amarga,

que te sigue, y acosa y que luego,

 

 

                                                           Se va]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[cinco y cuarenta i cinco]

 

"...no tengo límites

mi piel es una puerta abierta

y mi cerebro una casa vacía..."

 

jorge eduardo eielson "cuerpo multiplicado"

 

 

Mi cuerpo es una racha de olvidos,

una noche desnuda

en un llano embutido de alas blancas y negras

que lo hacen tarima de nube,

cornisa de piel.


y mis espaldas como campo de libertad y guerra,

se hacen almohada que abanica tus córneas mojadas.

placenta baldía

te llamas,

pista de despegue, me trepas hecha araña,

me trepas confundida

y coincides con mi frente

que para volar lejos,

se hace osada monja que a neptuno seduce,

que a mar se lanza y ama noche trigo,

noche pan,

noche trigo, como pan.


sustento de pulso

pulso y cuerpo,

como teléfono rojo en aurícula de cera.

cuerpo, veneno que niega besos.

que niega

olvidando el trazo indecible de ambas carnes

que se juntan y se alejan

como en una guerra fría enmarcada en gestos



en contornos de colores,


en naufraga huella hueca.

 

 

 

 

 

 

 

 

[Sin título]

 

Dentro o fuera, mujer invisible,

de aire agreste, con ojos de sirena y pensamientos de suelo.

Hecha habitación negra

con rulos rubios tras el cuello sujetándole la sonrisa

trepándole como araña hambrienta.

Y las piernas como los brazos, impares y reyes de la agonía.

Piel roja, manos de tambor,

medianoche azul

un absoluto siempre

y una piedra bajo el río que canta oscura.

Desflorada alma sentada en el trapecio, pintándose la cara,

dejando caer chirridos.

Huesos en sus manos, persignándose como hermana muerta.

Felicidad de la guerra, máscara riéndose y cruz que dispara,

Espanto tras el vidrio, y cándida niña virgen

que llora perdiendo, sin saber por qué, la luz, toda la luz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

S/T

 

Todas las mujeres han sido tu, una explosión de gritos. Una edad de blanco estática, que se destroza en cada norte de incestuoso silencio. Todas las mujeres son lo mismo. La máscara del cielo como estrellas pintándose la boca. Crepúsculos de rascacielo en pleno centro, un laberinto frío y de ángulos atravesados por fatiga y vientre. Círculos tras las manos como último día y pálpito que se estremece. Techo sembrado de lluvia con raíces gigantes, y sondas verdes sujetando la bomba que naufraga inmóvil.

Del poemario "Las falsas actitudes del agua"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los cangrejos

 

 

"He aquí el animal que no existe.

Ellos no lo conocían, pero teniendo en cuenta todo -su caminar, su porte, su cuello

y hasta la luz de su mirada silenciosa- lo amaron"

Rilke.

 

 

Por la tarde, en la playa de piedras, se quedaba vestida de negro, moliendo los cuerpos de rojo desvanecido. El sol espantado, hacía su luz desnuda, cubriendo solo su rostro con las manos, dejando entrever los ojos infinitos de algún animal que llora. Enamorada de las tenazas y de ser presa, una sonríe. Camina de lado, y se hace nocturno profundo consuelo de rocío. Se labran cielos y antiguos árboles de memoria, se piensa en la tierra de palmeras y papayas llenas de sal. La gloria hostiga los brazos raspados, los copos blancos que brincan, cerca de los perros, junto al establo y al chocolate sujetando la nota blanca. El golpe de alguna luciérnaga oportuna, los crepúsculos que se hunden, el cuerpo que se agita recobrando estatura y el brazo que raspado se hace rojo, no tenaza. Los corazones de viento a la noche en la playa de piedras, él, desnudo frente al océano esperando la roca que lo cubra de algún frío consuelo de polvo que no es nada, de polvo que vuela y es nada.

El cangrejo de mi abuelo, también es rojo y molido. Como tú frente a la despedida por la tarde, cogiendo el vuelo en la carroza blanca. Y las plagas inextinguibles y reales de tu voz cuando llora pidiendo madre. Madre no es cangrejo, es roca en manos de la niña de negro, es el último nudo de la tarde mirando por el ojo de piel rasurada como marea en orilla seca. El tiempo es frío y la constancia se deja encerrada en la lágrima de tu padre, que tiene lámpara de minero y ojo de gallo. Que te cría en museo de sol.

Secreto de Rio, Cangrejo de mar.

 

 

 ©Andrea Cabel

 

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