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Andrea Cabel / El Rincón del Diablo - poesía

 

[Cinco y cuarenta i tres]

  

Mi cuerpo es un pasillo de madrugada,

un fantasma crudo que llora por las ojeras de tus ojos negros

por las espinas de tus brazos flacos

y que respira cañazo y orujo como hora de cenar.

 

Mi cuerpo recuerda siluetas

 

recuerda pájaro hombre que persigue al sol,

y que sin querer se duerme a tu lado luna,

como toro en Soledad.

 

 

Tu cuerpo es un sonrojo que en mi pasillo translúcido

 

se mira,

 

Y entonces aquellos ojos, son mis ojos

son noche como gato,

como bestia  amarga,

que te sigue, y acosa y que luego,

 

 

                                                           Se va]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[cinco y cuarenta i cinco]

 

"...no tengo límites

mi piel es una puerta abierta

y mi cerebro una casa vacía..."

 

jorge eduardo eielson "cuerpo multiplicado"

 

 

Mi cuerpo es una racha de olvidos,

una noche desnuda

en un llano embutido de alas blancas y negras

que lo hacen tarima de nube,

cornisa de piel.


y mis espaldas como campo de libertad y guerra,

se hacen almohada que abanica tus córneas mojadas.

placenta baldía

te llamas,

pista de despegue, me trepas hecha araña,

me trepas confundida

y coincides con mi frente

que para volar lejos,

se hace osada monja que a neptuno seduce,

que a mar se lanza y ama noche trigo,

noche pan,

noche trigo, como pan.


sustento de pulso

pulso y cuerpo,

como teléfono rojo en aurícula de cera.

cuerpo, veneno que niega besos.

que niega

olvidando el trazo indecible de ambas carnes

que se juntan y se alejan

como en una guerra fría enmarcada en gestos



en contornos de colores,


en naufraga huella hueca.

 

 

 

 

 

 

 

 

[Sin título]

 

Dentro o fuera, mujer invisible,

de aire agreste, con ojos de sirena y pensamientos de suelo.

Hecha habitación negra

con rulos rubios tras el cuello sujetándole la sonrisa

trepándole como araña hambrienta.

Y las piernas como los brazos, impares y reyes de la agonía.

Piel roja, manos de tambor,

medianoche azul

un absoluto siempre

y una piedra bajo el río que canta oscura.

Desflorada alma sentada en el trapecio, pintándose la cara,

dejando caer chirridos.

Huesos en sus manos, persignándose como hermana muerta.

Felicidad de la guerra, máscara riéndose y cruz que dispara,

Espanto tras el vidrio, y cándida niña virgen

que llora perdiendo, sin saber por qué, la luz, toda la luz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

S/T

 

Todas las mujeres han sido tu, una explosión de gritos. Una edad de blanco estática, que se destroza en cada norte de incestuoso silencio. Todas las mujeres son lo mismo. La máscara del cielo como estrellas pintándose la boca. Crepúsculos de rascacielo en pleno centro, un laberinto frío y de ángulos atravesados por fatiga y vientre. Círculos tras las manos como último día y pálpito que se estremece. Techo sembrado de lluvia con raíces gigantes, y sondas verdes sujetando la bomba que naufraga inmóvil.

Del poemario "Las falsas actitudes del agua"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los cangrejos

 

 

"He aquí el animal que no existe.

Ellos no lo conocían, pero teniendo en cuenta todo -su caminar, su porte, su cuello

y hasta la luz de su mirada silenciosa- lo amaron"

Rilke.

 

 

Por la tarde, en la playa de piedras, se quedaba vestida de negro, moliendo los cuerpos de rojo desvanecido. El sol espantado, hacía su luz desnuda, cubriendo solo su rostro con las manos, dejando entrever los ojos infinitos de algún animal que llora. Enamorada de las tenazas y de ser presa, una sonríe. Camina de lado, y se hace nocturno profundo consuelo de rocío. Se labran cielos y antiguos árboles de memoria, se piensa en la tierra de palmeras y papayas llenas de sal. La gloria hostiga los brazos raspados, los copos blancos que brincan, cerca de los perros, junto al establo y al chocolate sujetando la nota blanca. El golpe de alguna luciérnaga oportuna, los crepúsculos que se hunden, el cuerpo que se agita recobrando estatura y el brazo que raspado se hace rojo, no tenaza. Los corazones de viento a la noche en la playa de piedras, él, desnudo frente al océano esperando la roca que lo cubra de algún frío consuelo de polvo que no es nada, de polvo que vuela y es nada.

El cangrejo de mi abuelo, también es rojo y molido. Como tú frente a la despedida por la tarde, cogiendo el vuelo en la carroza blanca. Y las plagas inextinguibles y reales de tu voz cuando llora pidiendo madre. Madre no es cangrejo, es roca en manos de la niña de negro, es el último nudo de la tarde mirando por el ojo de piel rasurada como marea en orilla seca. El tiempo es frío y la constancia se deja encerrada en la lágrima de tu padre, que tiene lámpara de minero y ojo de gallo. Que te cría en museo de sol.

Secreto de Rio, Cangrejo de mar.

 

 

 ©Andrea Cabel

 

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1 comentario

F -

like it. la mayor parte por lo menos. quiza el titulo del poemario no me gusta mucho.. pero suele pasar.
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